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Junio de 2017 Página 3 de 3

Actualización en colocación de catéteres y prevención de infecciones asociadas

Natalia Castro-Campos, MD, MSC

Las infecciones relacionadas con los DIV son un problema para el sistema de salud, lo que ha aumentado el estudio sobre la epidemiología y la prevención de las mismas.

Los datos arrojados por esta investigación son de inmenso valor, tanto para el sistema de salud como para el paciente, teniendo en cuenta que los resultados proporcionarían directrices para ahorrar inserciones de CVP innecesarias y de esta forma mejorar la atención hospitalaria al paciente y reducir gastos al sistema de salud. La evidencia que se obtenga de esta investigación será fácilmente extrapolable a la práctica clínica y a los protocolos o políticas asistenciales para mejorar los resultados en el cuidado y manejo de los pacientes portadores de CVP.

Selección del DIV

El tipo apropiado de DIV periférico o central debe ser elegido de acuerdo con las necesidades de acceso vascular del paciente y en función de: la terapia prescrita o el régimen de tratamiento; la duración prevista de la terapia; características vasculares: la edad del paciente, comorbilidades e historia de la terapia de infusión (tabla 2) [9].

¿Cuándo se debe retirar un CVP?

Según las Guías para la prevención de BRCV desarrolladas por el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés), se recomienda que el reemplazo de CVP no debe realizarse antes de 72 a 96 horas posterior a su colocación. Esto debido a que el reemplazo rutinario de CVP se considera un factor de riesgo para flebitis y BRCV [10].

Sin embargo, en 2015 se realizó un metaanálisis que incluyó siete ensayos clínicos (ECC) controlados aleatorizados, con un total de 4.895 pacientes y que comparó el retiro de forma rutinaria de los CVPs vs el retiro por indicación clínica únicamente. La búsqueda para esta investigación se llevó a cabo en los registros de ECC especializados a nivel vascular de Cochrane por parte de dos investigadores independientes [11].

Los resultados del estudio mostraron que no hubo diferencia estadísticamente significativa entre el retiro de CVP por indicación clínica vs de forma rutinaria, en flebitis el cual mostró un riesgo relativo (RR) de (RR: 1.14, 0.93-1.39 CI 95%), tampoco BRCV (RR: 0.61, 0.08-4.68 CI 95%). Este metanálisis tampoco evidenció diferencia entre complicaciones asociadas al número de días/dispositivo. El estudio concluye que los costos de realizar la colocación de un DIV fueron alrededor de siete veces inferiores en el grupo de retiro por indicación clínica (RR: -6.96, -9.05 a -4.86 IC 95%).

Este metaanálisis concluye que no existe evidencia que soporte el cambio de DIV cada 72 a 96 horas y que hacerlo no sería costo-efectivo para el sistema de salud. Este análisis proporciona evidencia a las entidades de salud para considerar un nuevo cambio en las políticas de retiro de catéteres, estableciendo así el retiro de catéter solo ante la indicación clínica.

Conclusión

Las principales estrategias para evitar las BRCV  incluyen actividades educativas dirigidas al personal de salud, así como el cumplimiento adecuado de un correcto lavado de manos y el uso de técnicas asépticas durante la inserción y los cuidados de los DIV. Así mismo, no se debe olvidar el papel importante de la elección apropiada de los lugares de inserción de los catéteres; el uso de un material adecuado para cada tipo de catéter y la utilización de medidas de precaución de barrera máximas para la inserción de los DIV. No hay evidencia a favor del retiro rutinario de CVP, sin embargo las únicas excepciones son el paciente pediátrico, en caso de hemoderivados el DIV se deber cambiar cada cuatro horas y el recambio de los DIV empleados para administrar emulsiones lipídicas se debe realizar cada 24 horas.

Con respecto a la aproximación terapéutica a un paciente con una infección relacionada con un DIV, está influida por una serie de factores importantes: el tipo de dispositivo y su método de inserción, el patógeno causante de la infección, la existencia de una inmunodepresión o neutropenia asociadas, la presencia de comorbilidades o de otros materiales protésicos (especialmente a nivel cardiovascular u ortopédico), la posibilidad de obtención de otros accesos venosos alternativos, la previsión de la duración de la cateterización vascular, y la naturaleza y la gravedad de la propia infección [12].

 

Artículo proveniente del Suplemento Colombia de la edición impresa Junio-Julio de 2017 con el código EH0617COLCAT

Fin.

Palabras relacionadas:
Prevención de enfermedades relacionadas con los DIV, dispositivos intravasculares (DIV), riesgos de infecciones en una cirugía.

Acerca del autor

Natalia Castro-Campos, MD, MSC

Natalia Castro-Campos, MD, MSC

Médica egresada de la Universidad de Buenos Aires, en Argentina, y Epidemióloga de la Universidad del Rosario, en Colombia. Con experiencia en investigación clínica en el Hospital Alemán de Buenos Aires. Asistente de investigación en el Centro de Estudios de enfermedades Autoinmunes -CREA- . Actualmente se desempeña como Médica Experta en el Centro de Excelencia de Artritis Reumatoide, en Bogotá, Colombia. Asesora editorial de El Hospital.
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Notas complementarias
  • Referencias

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