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Agosto de 2017 Página 1 de 3

Actualización de ecocardiografía transesofágica perioperatoria en cirugía no cardíaca

Natalia Castro-Campos MD, M.Sc.

Desde la década de 1980, el uso de la ecocardiografía transesofágica ha evolucionado principalmente en la cirugía cardíaca.

Desde la década de 1980, el uso de la ecocardiografía transesofágica (ETE), ha evolucionado principalmente en la cirugía cardiaca, sin embargo, recientemente el área de anestesiología, ha encontrado aplicaciones de esta herramienta en diferentes entornos. En este artículo, se realizará una actualización del uso de la ETE perioperatoria, en cirugía no cardiaca, basada en la más reciente evidencia clínica.

La importancia de llevar la ETE al entorno perioperatorio, radica en que permite mejorar la evaluación, diagnóstico y tratamiento en pacientes con factores de riesgo cardiovasculares que requieren de cirugía cardíaca y en quienes desarrollan inestabilidad hemodinámica perioperatoria en cirugía no cardiaca. Así, la ETE permite una evaluación rápida de la función cardíaca sistólica, anomalías regionales del movimiento de la pared, estado de hipovolemia o hipervolemia, resistencia vascular periférica, función valvular y otros fenómenos (ej: embolia o patología aórtica). La información clínica proporcionada por la ETE es a menudo complementaria a los datos proporcionados por otros controles hemodinámicos.

Se evidenció que en más de un tercio de los pacientes, la ETE intraoperatoria se asoció a una modificación en la terapia médica, incluido el tratamiento de la isquemia miocárdica, valvulopatia, patología del ventrículo derecho (VD) e izquierdo (VI). Además, en aproximadamente el 25 % de los pacientes en quienes se usó ETE, se ha asociado con un cambio de procedimiento quirúrgico. Por esta razón, la ETE peroperatoria está generando gran impacto en la toma de decisiones durante la cirugía no cardíaca.

Consideraciones generales

Una revisión bibliográfica actualizada de las nuevas guías desarrolladas por los miembros de la Sociedad Americana de Ecocardiografía (ASE, por sus siglas en inglés) y la Sociedad de Anestesiología Cardiovascular (SCA, por sus siglas en inglés), presenta nuevas directrices, quizás más aplicables a la cirugía cardíaca. Sin embargo, también tienen relevancia para la cirugía no cardíaca. Las indicaciones fueron priorizadas en tres categorías basadas en el nivel de evidencia científica o fuerza de la opinión de los expertos, como se detalla en la tabla 1.

Tabla 1. Categorías basadas en el nivel de evidencia científica.

En un estudio prospectivo, 214 pacientes en quienes se realizaron procedimientos quirúrgicos no cardíacos, se observó que la ETE tuvo un impacto significativo (definido como un cambio en la terapia médica o quirúrgica, la confirmación de un diagnóstico, o evitar monitoreo más invasivo). Este impacto positivo se evidenció en el 60 % de los pacientes con indicaciones de la Categoría I, el 31 % con las indicaciones de la Categoría II y el 21 % en la Categoría III Indicaciones (2,3). Una revisión sistemática contrastó que tanto el uso de ETE o ecocardiografía transtorácica (ETT) en pacientes de alto riesgo sometidos a cirugía no cardíaca, no presenta diferencia en el diagnóstico intraoperatorio. Señalando además que la mayoría los diagnósticos intraoperatorios frecuentes fueron hipovolemia, baja fracción de eyección de VI (FEVI), anomalías regionales del movimiento de la pared, valvulopatía, sobrecarga del VD o embolia pulmonar (4). Los estudios retrospectivos han clasificado típicamente el impacto del uso de ETE, en la toma de decisiones perioperatoria (tratamiento de un posible evento adverso mayor, cambio en el manejo anestésico o quirúrgico, evaluación postoperatoria clínicamente significativa) o menor/limitado cambio en terapia farmacológica, eliminación de posibles causas de un cambio hemodinámico y evaluación de la función cardiaca en lugar de dispositivos más invasivos (5). Utilizando estos criterios, un estudio retrospectivo informó mayor impacto perioperatorio con el uso de ETE en 15 % de los 123 pacientes sometidos a cirugía no cardíaca (6). Resultados en otros estudios retrospectivos fueron similares (7,8).

Evaluación inicial

La mayoría de pacientes sometidos a una cirugía no cardiaca y que tengan indicación para ETE, deben ser remitidos a un examen básico y posteriormente a monitorización permanente de la volemia y de la función ventricular (9,10). Adicionalmente, se monitoriza el posible desarrollo de una nueva patología como la detección de movimientos anormales en la pared o fenómenos de origen embolico. Las siguientes recomendaciones son las pautas de la evaluación inicial: monitoreo de volemia, resistencia vascular, función ventricular, estructura y función vascular.

Indicaciones de ecocardiografía intraoperatoria

Basándose en estudios observacionales, la ASE y SCA han sugerido diversos escenarios intraoperatorios no cardiacos, donde el monitoreo por parte de ETE ha sido útil e incluso, como se ha mencionado, ha servido para el cambio de conducta terapéutica en el paciente (11). A continuación se detallarán algunos escenarios no cardiacos donde se emplea la ETE:

Cirugía vascular mayor

En general estos pacientes presentan un alto riesgo de complicaciones cardíacas perioperatorias debido a la naturaleza invasiva del procedimiento así como a la prevalencia de la enfermedad arterial coronaria. Sin embargo, no hay evidencia que demuestre que la monitorización, por medio de ETE, pueda disminuir la incidencia de complicaciones fatales o no fatales (8). Entre los procedimientos de cirugía vascular en los que con mayor frecuencia se emplea la ETE está:


Palabras relacionadas:
Ecocardiografía transesofágica, cirugía no cardíaca, riesgos cardiovasculares, Sociedad Americana de Ecocardiografía, Sociedad de Anestesiología Cardiovascular

Acerca del autor

Natalia Castro-Campos MD, M.Sc.

Natalia Castro-Campos MD, M.Sc.

Médica egresada de la Universidad de Buenos Aires, en Argentina, y Epidemióloga de la Universidad del Rosario, en Colombia. Con experiencia en investigación clínica en el Hospital Alemán de Buenos Aires. Asistente de investigación en el Centro de Estudios de enfermedades Autoinmunes -CREA- . Actualmente se desempeña como Médica Experta en el Centro de Excelencia de Artritis Reumatoide, en Bogotá, Colombia. Asesora editorial de El Hospital.
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