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EH-74-4-AGOSTO-SEPTIEMBRE-2018

ADMINISTRACIÓN EN SALUD SUPLEMENTO ESPECIAL COLOMBIA LOS RANKINGS DE HOSPITALES Y LA ACREDITACIÓN EN SALUD Por Carlos Edgar Rodríguez H, MD. Director de Acreditación en Salud de ICONTEC Internacional. EL TÉRMINO RANKING es un anglicismo que se usa para referirse a aquel o aquello que se encuentra en una posición superior a otro, a partir de unos criterios previamente definidos. Un ranking clasifica personas, lugares, objetos, instituciones, entre otras posibilidades, a partir de una o más características que se comparten y de la adjudicación de jerarquía a las más destacadas en los atributos que interesa comparar, Carlos Edgar Rodríguez H, MD. a través de la asignación de puntajes o criterios específicos de posicionamiento. Los diccionarios definen en general un ranking como “clasificación que ordena sus elementos por orden de importancia o preferencia”. Los listados o clasificaciones pueden ser claves a la hora de reconocer rápidamente a los mejores de una serie, por ejemplo, de deportistas, de ciudades o de hospitales, siempre y cuando los criterios de clasificación obedezcan a conceptos claros, previamente determinados y se evite que la clasificación esté influida por intereses o sesgos, o que se cometan errores a la hora de definir las variables a tener en cuenta, al establecer sus pesos ponderados o al calcular los puntajes. También resulta de enorme importancia que los criterios de comparación sean similares para todos los elementos que constituyen el conjunto de la comparación y la posterior clasificación, lo cual en ocasiones resulta complejo. Se trata en general de comparar aquello que sea comparable. Algunos comentarios metodológicos Desde el punto de vista metodológico, los rankings ofrecen toda suerte de dificultades, de las cuales destacan la definición de las variables que se tendrán en cuenta en la clasificación, la homogeneidad de la muestra a comparar, las fuentes de información disponibles, los diseños de encuestas, cuando este instrumento sea fuente de in- formación, las ponderaciones es decir los pesos que se den a cada variable analizada, los mecanismos de publicación de los resultados y las interpretaciones e inferencias que se puedan establecer. Por otra parte, es obligatorio preguntarse por quién elabora el ranking; de especial interés es la declaración de posibles conflictos de interés y las razones y objetivos que animan la elaboración de la clasificación. Así, por ejemplo, si el ranking es hecho por una empresa privada con ánimo de lucro que explota la clasificación como un negocio, deberíamos estar alerta frente a la veracidad de los resultados. A la vez, cuando un ranking se fija excesivamente en un atributo, desconociendo otros igual de importantes en la clasificación, entonces los resultados deben ser analizados con cuidado para extraer el provecho que corresponda y no inferir más allá de los alcances de las variables analizadas. Cuando una institución cobra por clasificar, deberíamos evaluar los posibles conflictos que represente el hecho de que aquel que pague más podría ser beneficiado en la jerarquía que se establezca en razón a lo que paga y no necesariamente con base en su cumplimiento de los atributos analizados. Los rankings que se basan solo en encuestas dependerán, en la calidad de sus resultados, del diseño de la encuesta, de la pertinencia y validez de las preguntas, de los mecanismos de abordaje de los encuestados, de la forma de tabulación, entre otras variables. Aquellas clasificaciones en las que hay sorpresas mayores en los primeros lugares deben ser analizadas en términos metodológicos. Un aspecto conceptual que vale la pena tener en cuenta es el de los objetivos que animan la realización de un ranking. En el mundo entero y para muchos sectores de la economía se ha vuelto un común denominador el uso de clasificaciones que apuntan a diversos objetivos de los cuales resaltan la competitividad y el prestigio, este último en proporción a la seriedad e idoneidad de quienes elaboren el ranking. Un objetivo relevante, aunque muy cuestionado, es que la clasificación se constituya en una herramienta de información que contribuya a que los consumidores de determinado bien o servicio tomen decisiones ilustradas. En este caso debe tenerse particular cuidado en que la clasificación apunte a variables que constituyen la mejor calidad posible, pues debe evitarse que las clasificaciones confundan a quienes reciban la información e induzcan a decisiones equivocadas basadas en información falsa o en inferencias que no se podían hacer con los elementos de clasificación utilizados. C8 AGOSTO - SEPTIEMBRE / 2018 ©ROBERT KNESCHKE - FOTOLIA


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