|
Los guantes médicos crean una barrera de protección entre los pacientes y los profesionales a cargo del cuidado de la salud. Su mal estado o ruptura abre una peligrosa puerta a la transmisión de infecciones nosocomiales. Se enumeran las medidas preventivas para el uso satisfactorio de los guantes.
Los
agujeros y las perforaciones producidas en los guantes durante los
procedimientos de atención a pacientes y las cirugías
incrementan el riesgo de transmisión de infecciones entre
pacientes y personal médico,
especialmente
durante el acto quirúrgico.
La
transmisión de enfermedades como VIH o hepatitis
B
y C figuran como un asunto de permanente preocupación entre
estos y las entidades reguladoras del tema.
Distintos
estudios reconocen el hecho de que a pesar del estricto seguimiento
de medidas sanitarias tendientes a cumplir con condiciones de
esterilidad y protección,
tanto
de pacientes como de los profesionales de la salud, existe siempre la
posibilidad de algún tipo de contaminación por contacto
con piel, sangre, fluidos corporales o sustancias químicas,
debido
al estado defectuoso o daños producidos en los equipamientos
para protección.
Los guantes, uno de los suministros
más comunes usados para este fin, registran una tasa alta de
perforación o ruptura durante tratamientos médicos,
en
especial en el curso de intervenciones quirúrgicas
[1-4].
Ellos
actúan
como una barrera de protección entre los pacientes y el
personal de salud, y una vez esa barrera se rompe, el paso de agentes
patógenos en ambos sentidos queda abierto. Esto significa que
tanto los pacientes como el personal de salud quedan expuestos al
contagio de enfermedades.
Heidi Misteli y otros
investigadores,
del
Hospital Universitario Basel, en Suiza, identificaron que el 4,5% de
los procedimientos se asocian con infecciones producidas en ambientes
quirúrgicos (SSI, por sus siglas en inglés)
[1].
Por
otra parte, Soldá y colaboradores, en Brasil, en una
investigación realizada para averiguar la incidencia de la
perforación de guantes en el Servicio de Emergencias del
Departamento de Cirugía de la Escuela de Ciencias Médicas
de Santa Casa de Sao Paulo, encontraron
perforaciones
en 16,3% de los guantes utilizados en procedimientos médicos,
de las cuales un 33% ocurrieron durante intervenciones quirúrgicas
de emergencia
[2].
La
inmediata y rápida intervención en estas situaciones
aumenta en forma considerable la posibilidad de daño de los
guantes por perforación con agujas, huesos fracturados o
superficies afiladas de otros instrumentos quirúrgicos. Además
de los servicios médicos de emergencia, otras áreas
donde la perforación de guantes es alta son las salas de
cirugía general, ortopédica y plástica.
Entre
otros resultados arrojados por el estudio en Brasil,
se
encontró que en procedimientos de emergencia tanto traumática
como no traumática, el porcentaje de perforación era
mayor en los guantes usados por los cirujanos; en segundo lugar, los
utilizados
por
el primer asistente,
y
en seguida, por el segundo.
Sin
embargo, estos resultados se asociaron al hecho de que el estudio se
realizó en un hospital universitario, en donde el cirujano por
lo general es un médico residente.
Es
importante resaltar que justamente esta circunstancia puede
incrementar las infecciones en el medio quirúrgico,
debido
a que el cirujano en los hospitales universitarios aún se
encuentra en proceso de instrucción médica,
y
a veces desatiende las medidas de precaución,
en
su afán por realizar procedimientos invasivos.
Para
contrarrestar
el riesgo de contaminación por perforación o ruptura de
guantes, se recomienda la adopción de varias medidas. En el
estudio adelantado por Misteli, el uso de profilaxis antimicrobiana
en
pacientes demostró resultados positivos en la prevención
de este tipo de infecciones. Cuando no se usó esta profilaxis,
las probabilidades de infección
fueron
significativamente mayores en el grupo de procedimientos realizados
con guantes perforados. En contraste, disminuyó en
intervenciones en las cuales los guantes estaban perforados,
pero
se hizo uso de profilaxis antimicrobiana.
La
investigación hace una salvedad, sin embargo: recomienda la
adopción de esta medida solo en circunstancias en las cuales
no
se aplican otras para prevenir o contrarrestar la perforación
de guantes. La advertencia tiene que ver con costos asociados,
reacciones
adversas a las drogas o un aumento en la resistencia bacteriana.
Por
esta
razón,
se
promueve el uso de dos pares de guantes al mismo tiempo. En estudios
en los cuales
se
encontraron perforaciones cuando el profesional de la salud llevaba
puestos dos pares de guantes, estas se detectaron en su mayoría
solo en el par de guantes externos, lo
cual
demuestra la eficacia de esta medida.
También se
recomienda cambiar de guantes después de un lapso de tiempo
determinado durante procedimientos médicos prolongados, en
especial cirugías. La frecuencia de perforación aumenta
de 8 a 50% en procedimientos quirúrgicos que duran más
de dos horas. Caillot et al. demostraron,
por
su parte,
que
96% de las perforaciones en guantes ocurridas durante cirugías
no fueron detectadas por el cirujano, lo que incentiva la adopción
de esta práctica
[3].
Estas
medidas preventivas hacen parte de otras normas para aseguramiento de
las condiciones de esterilidad y uso satisfactorio de los guantes:
El
empleo de guantes, por ejemplo, no exime del lavado de las manos
antes y después del contacto con el paciente.
Durante
los procedimientos quirúrgicos o de cuidado de pacientes, los
instrumentos para incisión y corte no deben ser entregados
mano a mano, sino en una bandeja.
Las
agujas deben cortarse antes de realizar los
nudos, y los vendajes deben arrojarse
en recipientes adecuados.
El
personal de salud debe contar con suficiente equipamiento de
protección a la mano y en todo momento en que sea necesario.
Los
guantes sintéticos o hechos de una combinación de
caucho natural y sintético deben ser evaluados en cuanto a
los niveles de seguridad que ofrecen profilaxis, y
han de estar libres de contaminantes. Aquellos elaborados de
látex deben ser sometidos a procesos tendientes a reducir la
presencia de proteínas, con el fin de
evitar reacciones alérgicas.
VR
Henz y colaboradores detectaron perforaciones en 16% de los guantes
analizados en una prueba adelantada con un aparato electrónico,
para evaluar la integridad de los guantes. De
estas perforaciones, 89% no fueron percibidas por el usuario,
y en 28% de los casos hubo contacto de la piel con la
sangre del paciente. Más interesante aún fue el
hallazgo de porosidades de tamaño suficiente para permitir el
contacto con la piel en el 43% de los guantes defectuosos
[4].
Referencias
1.
Misteli H, Weber W, Reck S, et al. Surgical
Glove Perforation and the Risk of Surgical Site Infection. Arch
Surg, 2009; 144 (6): 553-558.
2.
Soldá S, Assef J, Parreira J, et al. Undetected
perforations of surgical gloves during emergency procedures. Rev
Assoc Med Bras, 2009; 55 (5).
3.
Caillot JL, Cote C, Abidi H, Fabry J. Electronic evaluation of the
value of double gloving. Br J Surg, 2000;
87: 1116-9.
4.
Hentz VR, Stephanides M, Boraldi A, et al. Surgeon-patient
barrier efficiency monitor with an electronic device in three
surgical settings. World
J Surg, 2000; 25: 1101-8.
|